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¡No Hay Que Decir Mentiras!

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Un labrador tenía a su hermano pequeño con él. El hermano era todavía más pobre y tenía la desgracia de estar enamorado de la hija del vecino. Esto no hubiera sido una gran desgracia, porque ella era buena y bella; pero tenía un padre tan avaro que no consentía en dársela por esposa a quien no fuera riquísimo. El hermano mayor decidió entonces hacer algo que favoreciera el amor de la pareja.

Hizo que su hermano se sentara junto a la chimenea, con los pies casi tocando las brasas; le puso en las piernas un plato y en la mano dos monedas.

-¿Qué tal anda de cuartos tu hermano? -se informó el vecino.

-Juro que las monedas se le escapan de las manos y que la lluvia no le cae encima -afirmó el hermano mayor.

-¡Así que es rico y tiene casa!

El otro no dijo ni sí ni no.

-En cuanto a ajuar -añadió poniéndose a escondidas una mano en los remiendos de los pantalones-. puedo decir que tiene más piezas de tela que yo…

Y así, sin decir una sola mentira, el matrimonio se acordó inmediatamente.

Jacob y Wilhelm Grimm