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Cómo Llegó A Ser Rey Juan Bobo

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El heraldo del rey había ido de ciudad en ciudad anunciando que la princesa se casaría con quien demostrara ser el mejor conversador. Inmediatamente, los hombres más instruidos y refinados emprendieron viaje a la capital, decididos a pasar la prueba.

Unos iban a caballo y otros en carroza, para llegar en buenas condiciones; pero uno iba montado en un carnero. Todos lo llamaban Juan Bobo, y ningún mote le hubiera venido mejor.

Juan Bobo se dio cuenta de que todos llevaban ricos regalos para la princesa y él iba con las manos vacías. Para remediarlo, fue recogiendo todo lo que le iba llamando la atención por el camino: una corneja muerta, un zueco roto y un puñado de barro que se metió en el bolsillo.

En palacio, todos los pretendientes, en cuanto veían los esplendores de la corte y se encontraban ante la bellísima princesa, se quedaban sin habla y eran descartados; sólo Juan no se dejó impresionar por aquel ambiente.

-¡Hace un calor terrible aquí dentro! -se lamentó

-El horno está encendiendo -le explicó la princesa-, porque están asando muchos pollos para el banquete de bodas.

-¡Muy bien! -exclamó Juan-. Entonces yo también puedo asar mi corneja.

-Sí, pero ¿dónde quieres cocerla? Ya no quedan ollas ni pucheros.

-La coceré aquí dentro -y Juan Bobo enseñó el zueco.

-¿Y el jugo para condimentarla? -sonrió la princesa.

Juan Bobo sacó el fango que tenía en el bolsillo.

La princesa nunca se había divertido tanto en su vida y decidió casarse precisamente con el simple Juan Bobo.

Hans Christian Andersen