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CIERRAELOJO Y EL LAGO DEL CUADRO

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El polvillo mágico echado sobre los párpados hizo efecto en seguida: Enrique cerró los ojos y se durmió.

Entonces el duende voló a echar aquellos polvillos en el cuadro colgado de una pared y, por arte de magia, el precioso laguito del bosque que estaba pintado en él, se hizo real. Enrique salió volando de la cama y aterrizó en la hierba, salpicada de luz por los rayos del sol que pasaban por los altos árboles.

Enrique se acercó al lago y se montó en una barquita roja con velas de plata. Seis cisnes, con un collar de oro y una estrella azul en la  cabeza, llevaban la barca por la orilla, donde volaban mariposas y duendes entre las flores. En en agua chapoteaban peces con escamas de oro y de plata; la barca iba dejando atrás una estela de pajarillos rojos y azules, que desaparecía poco a poco en el cielo.

Después la barquita pasó ante un castillo; en los balcones estaban asomadas bellísimas princesitas, que Enrique conocía bien y que le tiraron caramelos y juguetes.

Y sonó el despertador: el pequeño Enrique se despertó, muy contento.

Hans Christian  Andersen